Viernes, 07 de octubre de 2011
                                                               
Hombres y mujeres nerviosos, con caras de preocupación esperan el autobus público, mirando a un lado y a otro, en una de las calles de Praga, todavía enrailadas de tranvias que constituyen uno de sus pálpitos mas efectivos.
Cuentan que Kafka era un asiduo a los tranvias, dejándose llevar ensimismado hacia los finales de línea en una secreta necesidad de huir, no tanto de si mismo como de la obligación monocorde del funcionariado.
Tiene toda Checoslovaquia un aura de sentimentalismo no solucionado que sobrecoge al viajero. He visto a muchas personas no poder contener las lagrimas que brotan a borbotones ante la vista de un determinado paisaje o la espesura de un bosque. Por eso hay tantas miradas húmedas por sus calles y campiñas; pero húmedas a sabiendas de que se llevan encima a pesar de los curiosos. Es como si su atmósfera invitase al llanto.
 Un llanto sin saber por cuando. Un llanto silencioso y profundo hasta no poder más. Es la emoción que aflora desde lo mas hondo sin remedio; nadie puede hacer nada por evitarla.

                                   

Las neblinas son corrientes por aquellos pagos, poniendo sus acentos nostálgicos al entorno, incluso en verano: una neblina dulce y acariciante no tan espesa como en invierno pero que es como un beso del paisaje en los rostros anonadados por la emoción.
No había sentido la belleza tan a flor de piel desde aquella visita a Florencia, en la que quedé tocado por su encanto.
Praga es bella, pero de otra forma. No tan apabullantemente como la capital de la Toscana, que no deja ni un segundo de respiro a la sensibilidad artística. Les dije a mis compañeros de viaje en aquella ocasión: “Es el lugar del mundo donde he visto mas arte por metro cuadrado”. El visitante se ve imposibilitado de atender a todo lo que la ciudad brinda a su vista, y hay que sentarse a las puertas del Duomo para tomarse un respiro y relajar los sentidos ahitos de hermosura. Por eso tanta gente lo hace.
En la capital checa, sin embargo, la sensación es mas relajante, mas suave; va calando mas despacio, pero deja huellas imborrables. Y pensar que hay turistas que viajan a a la República Checa tan solo por su cerveza...
                                      
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Tags: viaje, praga, ciudad, maravillosa

Publicado por wizfun @ 11:56  | LO COTIDIANO
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