Quizás el número exacto solo pueda calcularse con un escaner, o, puestos a ser optimistas, con las aviesas artes de la adivinación.
Por eso, queridos niños, permitirme recomendaros no subestimar esos pequeños inventos tan necesarios, y que, sin ellos, sería imposible la supervivencia en este inclemente mundo en el que, aparte de los elementos naturales, están los “artificiales” que se encargan de hacernos la vida imposible.
Si quienes saben del tema siempre dicen que la interacción entre lo físico y lo trascendente es continua: “lo que es arriba es abajo y viceversa”, es de pura lógica pensar que esos pequeños objetos que nos solucionan problemas cotidianos pueden usarse, adaptados mentalmente, para solucionar situaciones que normalmente no podrían porque entran en el dominio de la sique: que le pregunten sino a Alejandro Jodorowski, que de eso sabe un rato largo.
Pero..., perooo para eso se necesita pensar - cosa no demasiado asequible a cualquiera hoy en día con tantas prisas -: pensar en “como” puede uno a través de un gadget reparar algo, que, luego, se verá reflejado en nuestro estado de ánimo o nuestra salud.
Probadlo. Os aseguro que merece la pena darse cuenta de que en uno mismo está el potencial que le ahorrará un buen dinerito en reparaciones y, de paso, le ayudará a sentirse mejor. ¡Esto si es auto-ayuda de la buena!...
Como canta Serrat: “Esaaas pequeeeñas cosaaas”...
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