martes, 08 de junio de 2010
                                    

El dilema de un escritor que trabaja en casa puede ser a veces tan trivial como: “Que idea. Voy a empezar con ella, o ¿me voy al baño a madurarla mientras suelto el exceso de equipaje?”.

Sea cual fuere la elección el resultado suele ser el mismo: una m...... Porque de cada veinte ideas nuevas que acuden a su mente, dieciséis son eso.

Hasta en la creatividad se dan los porcentajes desgraciadamente; porcentajes abrumadores de las ideas surgidas del intelecto hipnotizado por los estímulos externos, frente al mínimo que aflora del lugar donde la real inspiración tiene su reino.

¡Qué comido nos tienen el coco!... Y aún hay gente que piensa que los escritores clásicos eran buenos por casualidad.

Pues de eso nada. Eran mejores, en su mayoría, porque no tenían tantas posibilidades de distracción y, consecuentemente, poseían una mayor capacidad de concentración para lo que estaban haciendo. Pero también porque tenían un mayor bagaje cultural.

Ahora los hay - y no señalo a nadie – que ni siquiera han terminado una carrera de letras. Pero, claro, con el Word y la ayuda inestimable del corrector de la editorial - que es un chico muy listo – hasta Jezulín escribe sus memorias (y quienes no son Jezulín).

De siempre, ha habido en las redacciones de los diarios los salvavidas de los periodistas(los correctores) - en algunos taparon errores de bulto incluso de los grandes – pero es que, hoy en día, son tan imprescindibles como los propios redactores. Si viéramos como se entregan algunas cosas nos echaríamos las manos a la cabeza. Eso es una falta de respeto hacia el que corrige nuestros errores, que, de publicarse tal cual, nos sumirían en la mas humillante de las vergüenzas.

Es como si, el que tengan la obligación de hacerlo, les da bula a algunos para no repasar sus escritos con la excusa: “...ya lo hará el correc que para eso le pagan”.

Se les podría responder: “Pues muy bien chato/a, entonces pon tu mas cuidado porque a ti también te pagan por escribir bien, ¿o no?”.

Pienso que si en cada libro, en la página donde aparecen los datos de la Editorial, ésta publicase los porcentajes de corrección que se han llevado a cabo, habría algunos escritores/as un pelín fantasmas a los que, a partir de entonces, se les bajarían un poco los humos.

Vaya con este artículo mi reconocimiento a todos los correctores que en este mundo son y han sido, puesto que la suya es una labor anónima que no suele reconocerse con frecuencia, gracias a la cual – releyendo nuestros escritos ya publicados, corregidos por ellos – algunos hemos aprendido a escribir mejorando un poco nuestro estilo.


Tags: periodismo, corrector, escritos, dejadez

Publicado por wizfun @ 11:53
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