miércoles, 26 de mayo de 2010
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¡Vaya, vaya! Si ahora resulta que Don Julián de las Altas Torres no tiene ni un maldito sofacito (¡ya ni hablo de poltrona!) donde descansar sus posaderas: sus goordaas posaderas perfectamente constituidas a base de vagancia y buena vida, a costa del trabajo de otros.

Es que la vida, esa apuesta diaria que nos afecta a casi todos, es perfecta en todo su esplendor, y no se anda con chiquitas a la hora de desplumar desalmados, que antes habían desplumado a muuchoos otros.Go to fullsize image

Es la justa compensación a los sufrimientos que los esquilmados padecieron en su carnes y sus cerebros sin pensar en la apelación mas insignificante. Es la venganza de los que no tienen ni siquiera derecho a ella porque han salido por la puerta pequeña del contubernio laboral, con las manos en los bolsillos, huérfanos de concesiones. Expulsados del paraíso del trabajo fijo por el capricho de un gestor de empresas que no sabía lo que hacía, pero lo hacía con toda la mala leche del mundo.

¡Vaya, vaya! Es muy alentador para los que hemos tenido que luchar en diversos frentes el encontrarnos de golpe con que al de las Altas Torres se le han plegado las almenas, y la podredumbre de las piedras que sostenían su castillo inaccesible ha hecho que se vinieran abajo sin pedir permiso.

¡No está mal! ¡No está nada mal!Go to fullsize image

Decía que es la venganza de los sin derechos, no perpetrada por ellos, precisamente, porque a esas pobres gentes no les quedan casi fuerzas para respirar, ¿cómo van a perpetrar nada? Es el destino, o llámenle H, quien se encarga de estas desagradables(o no tanto, según el punto de vista) tareas, que lleva a cabo de una manera impecable. ¡Hasta las últimas consecuencias!, como debe ser. Go to fullsize imageAl destino no se le ocurre pensar si está bien o no lo que hace con los aprovechados cuando les llega el momento. No tiene porqué. Su función es bien clara y sus intenciones también: no permitir que los inhumanos se salgan con la suya. Sin más. No hay excusas posibles, ni lágrimas de cocodrilo, ni rasgarse las vestiduras que valga. Al destino no se le puede comprar con una buena interpretación, ni con todo el oro del mundo (como a la inmensa mayoría). Lo que veis es lo que hay. Lo que debe suceder, a su tiempo, sucede: no hay retrasos ni moratorias, como con la muerte (con la que, por cierto, está emparentado). Inflexible en su forma de obrar no entiende de posiciones sociales, de edades o de sexo. Ahí está – como La Puerta de Alcalá – viendo pasar el tiempo sin que le afecte, y lo mismo le da cinco que quinientos, porque para el un siglo es un suspiro y las cifras que tanto nos afectan a nosotros para el destino no son mas que referentes a la hora de cumplir con su justa labor.Go to fullsize image

Si no existiese, notaríamos su falta como ninguna otra cosa en este mundo. Es el encargado de poner los puntos sobre la íes en las relaciones humanas, sin pararse a pensar en las consecuencias de sus acciones. ¡Y que dure!


Tags: altas torres, destino, inflexible, castigo

Publicado por wizfun @ 12:07  | OPINION
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