¿Sabéis porque cuando alguien se cree independiente económicamente, o
el público ya le conoce un poco en el terreno deportivo, artístico,
musical, incluso empresarial, empieza a cambiar su imagen personal de
la forma mas extravagante posible (pelos púa, teñidos chillones, ropa
digna de un pordiosero)? Look que nadie, ni siquiera los mas osados de
entre los jóvenes, se atreveria a lucir sin que, antes, alguno-a de sus
ídolos lo hubiese hecho. Es más, la sociedad los despellejaría vivos si
no fuese porque esa misma sociedad venera los mismos mitos. Esa
sociedad establecida que no duda ni un momento en prejuzgar, condenar y
burlarse de quienes “sin ser nadie popular” intentan ir por la vida
usando su inalienable derecho a vestirse, peinarse y clavarse en el
cuerpo lo que les venga en gana, sin tener que dar explicaciones a
nadie por su aspecto. Pero de eso a lanzar un reto delante de una
cámara de televisión, como quien tiene toda la seguridad del mundo y es
el rey del mambo, va una gran diferencia.
Estas
reflexiones me vienen al pelo después de ver una y otra y otra vez en
todas las cadenas televisivas ese anuncio de la “pesi” protagonizado
por alguien a quien no conozco(no me interesa en absoluto lo que mal
llaman deporte de competición), que con aire chulesco se enfrenta a la
cámara - por tanto a los teleespectadores que están tras ella -
increpando a quienes están filmando el spot con esas ínfulas de
triunfador dejando muy claro: “… ¡¡¡que pasaaa!!!, yo soy fulano y digo
“pesi” y ya está!!!.
No hay peor ignorancia que la de los que
presumen de ella. Si a quienes todavía no tienen un concepto claro de
la vida - los jóvenes - “su ídolo” les mira directamente a los ojos y
dice lo que dice, ¿cómo van a reaccionar ellos?… Pues apoyándole: “¡Si
señor! ¡Venga tío con un par!… Apoyándole, y lo que es peor, imitándole
en su ignorante presunción. A partir de ese anuncio, todos aquellos que
admiran al chabacano, van a seguir con su lengua de trapo barriobajera
y obscena, porque es como si les hubieran dado oficialmente al permiso
para usarla. Y aquellos que estaban un poco indecisos(los niños) 
terminarán
creyendo que no hay otra manera de mostrar su personalidad que hablar
como a ellos les apetezca, aunque sea una horterada. Y la culpa no es
toda del ínclito protagonista del nefasto spot. La culpa, en gran
parte, es de la agencia de publicidad que propuso el diálogo, y de la
firma comercial por permitirlo en base a un “moderno lenguaje”, que se
les supone a todos los jóvenes, y que permite a quienes han conseguido
una cierta popularidad “crear” su propio vocabulario y cantarlo a los
cuatro vientos a través del plasma, con lo que ello puede representar
para el futuro de nuestra proyección como estado culto y preparado.
Tags: fama, popularidad, extravagancia, chulerío