miércoles, 18 de noviembre de 2009

Si me preguntáseis si me gusta escribir os responderia... o no. Porque siempre, como mínimo, tenemos esas dos opciones. Opciones sin oposición, aunque sean opuestas entre sí. Si, si, entre sí: inter se.

Verdaderamente apasionante el dilema que se nos plantea gracias a los entresijos del inter se.

Claro que, si mezclamos los entresijos con las opciones, entonces no nos queda mas remedio que acudir de inmediato al entrecot, que es una de las opciones mas sabrosas de los entresijos vacunos. Y ya puestos con el tema de las terneras os diré que no hay cosa mas tierna en el mundo – de ahí su nombre -, que un buen lametón de una ternera norteña. Es ideal para recuperar la fe en los animales muertos, que, por cierto, si no se consumen a tiempo atufan un poquillo. Pero – me diran ustedes – ¿que tienen que ver las terneras norteñas con el inter se y las opciones?. ¡Buena pregunta, si señor!. Veran: si entramos en la vieja controversia de si es mejor el entrecot a la pimienta o en escabeche(¿cómo, que no lo han probado?), ahí ya podríamos pasarnos semanas enteras discutiendo, con lo cual, como hemos afirmado anteriormente, corremos el riesgo de que se nos eche encima la caducidad y, la verdad, no es recomendable consumir alimentos que ofendan nuestro olfato.

Ya decía Sir Nestor Cottoley, célebre zoólogo, antropólogo y naturalista, que los cuartos traseros de la ternera solo son comparables a los delanteros cuando quien los trocea es un experto con el cuchillo y el hacha; y añadía que, el arte del descuartizamiento es privilegio de unos pocos carniceros que merecerían llamarse antes doctores forenses, por la minuciosidad con que separan todas y cada una de las partes del cadáver, de manera que cada corte sea siempre paralelo al anterior y que la carne quede siempre, tras ello, lisa y brillante como si nadie la hubiese manipulado. Tambien habla en ese libro magistral que tituló: “The cow and their parts” acerca de cómo aprendió, durante sus multiples viajes por Africa, las técnicas del despiece que los nativos empleaban para aprovechar al máximo todo el animal y, a la vez, que la operación no dañase los tejidos, lo que contribuía a un mejor sabor final. Porque ellos se lo comían crudo(como máximo secado al sol): secuelas de sus antepasados que se dedicaban a la antropofagia con fruición. Incluso tenían una lista que guardaban celosamente - como otras culturas lo hacían con sus libros sagrados -, en la que, a lo largo de sucesivas generaciones, habían anotado con garabatos y dibujos las diversas maneras de trocear los cuerpos humanos así como las mejores formas de cocción dependiendo de la textura, el sexo, o la nacionalidad.

   Como son estas cosas del escribir; de las opciones hemos pasado al inter se, de éste a los intersticios de ternera y de eso a las técnicas alimenticias de algunos pueblos antropófagos de Africa asesorados por Sir Cottoley. Y, al final, como siempre, lo que nos queda son tan solo los huesos; con los que, por cierto, aquellos sibaritas africanos fabricaban puntas de flecha y hachas rudimentarias que les permitían “cazar” nuevas presas, que a su vez les servían de condumio, y así seguir el ciclo de la cadena alimentaria.

Pero bueno, ¿a mi que me importa todo esto, ¡si soy vegetariano!?...


Tags: entresijos, escritura, entrecot, terneras, antropófagos, alimentos, surrealismo

Publicado por wizfun @ 19:22
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