Después de la publicación del primer estudio a gran escala sobre "Nivel de Conocimientos y Preparación de los Escolares", editado a iniciativa del Ministerio de Educación, las cosas no han cambiado demasiado. Hay conclusiones realmente desalentadoras. Vean: "Uno de cada cuatro colegiales de 14 años y uno de cada tres de 16 años no alcanzan el nivel mínimo de conocimientos. Según estos datos el problema es que el nivel "baja" a medida que se avanza en los estudios. Las tasa de fracasos son mayores a los 16 años que a los 14. Los alumnos terminan los estudios obligatorios con "graves errores" en Gramática y Ortografía. Precisamente el diagnóstico hace hincapié en el hecho de que no llega al 30% el número de alumnos que dice disfrutar del estudio de la Lengua y Literatura.
Los responsables del Ministerio de Educación alertan sobre la necesidad de tomar medidas...(sic) "... especialmente en materias tan fundamentales como puede ser la Lengua; el leer y el escribir correctamente es algo que, después de diez años de escolarización obligatoria, ¡ no podemos consentir! que no dominen la inmensa mayoría de los alumnos españoles...”.
Seguramente una gran parte de la culpa la tiene el deterioro progresivo del lenguaje hablado. Tan pobre esta el panorama lingüístico que da pena. Cinco o seis palabras sirven para expresarlo todo. A la tan utilizada tío/a, usada como muletilla, a la par que para llamar a cualquiera aunque no guarde el menor parentesco con quien la pronuncia, debemos añadir GUAY, que, según el diccionario, proviene del árabe y significa: ¡ay!, lloro o lamento; tener muchos guayes equivale a padecer grandes achaques o muchos contratiempos de la fortuna. Justo lo contrario del significado popular.
COLEGA: En lenguaje callejero un colega es cualquiera, aunque no tenga con quien así lo nombra la mínima afinidad profesional o de otro tipo.
TRONCO: Tallo fuerte de los árboles. Cuerpo humano y de cualquier animal prescindiendo de la cabeza y las extremidades; Pero también persona insensible, inútil y despreciable.
MOVIDA, ALUCINANTE, MOLAR y coletillas del tipo "COMO MUY..." o "PARA NADA” (incorrectas ambas, tanto para el lenguaje escrito como para el hablado, en el sentido que se les da) son algunos de los términos clave para entenderse con todo quisque.
Lo terrible del caso es que los niños - que hablan imitando a los mayores- no utilizan otras palabras que las antedichas y pocas más. Y los medios de difusión- léase Radio, Televisión, pero sobre todo la publicidad - en aras de un modernismo mal entendido y para(según ellos) hacer mas asequible el mensaje, nos bombardean constantemente con los "palabros" de marras como si todos debiéramos utilizarlos para "estar al día", so pena de vernos separados de la "nueva sociedad" con su "nuevo lenguaje".
En literatura, cierto tipo de prensa y en los anteriormente citados medios de difusión, sin el menor rubor y porque "... es la expresión viva de la calle", se entra a saco en el lenguaje y, salvo quienes juegan en sus escritos con este tipo de expresiones porque así lo exige el texto, todo lo demás es, simple y llanamente, populacheo; y más teniendo en cuenta que la práctica totalidad de ellas proceden de la "jerga” que usan los colectivos mas marginados, que, a su vez, proviene del “jive”(la manera de hablar de los habitantes de Harlem y el Bronx neoyorquino, adoptada por otras etnias de la ciudad de los rascacielos), españolizado y con giros de otros idiomas.
Las palabras en su sentido original, tenían un significado estricto que iba mas allá de la pura letra. Todas las lenguas de las que provienen las actuales "hilaron muy fino" a la hora de otorgar un término, y no otro, a cada hecho, característica, situación o fenómeno. Es mas, representaba tanto el significado como la pronunciación de los sonidos que componían la palabra, o, en su defecto, el significado como el grafismo en los ideogramas o palabras escritas.
En fin, que no pretendemos desde aquí cambiar los hábitos comunes de la mayoría sino, mas bien, expresar una opinión.
Vaya. Hemos empezado hablando de educación infantil y terminamos haciéndolo del trasfondo mágico del significado primigenio de las palabras. Tal día hará un año.
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