Dentro de las coordenadas principales del ruido exterior – que es totalmente distinto al interior – tenemos una variadísima paleta de ruidosos de oficio, que, no contentos con darle a la lengua, y otros instrumentos de tortura para los oídos, se dedican a la nada complaciente tarea (para quien escucha) de amplificar hasta la exasperación esa gama de sonidos desagradables con el único y exclusivo fin de tocar las meninges a todo bicho viviente.
No es que les tenga una especial animadversión, pero ¡es que son tan molestos!...
El otro día, sin ir mas lejos, me disponía a escribir esta crónica diaria en la sala de estar- comedor de mi pequeño habitáculo, cuando, en un momento dado, comenzaron las salidas de tono y los gritos desaforados desde los pisos inferiores, laterales y superiores, de forma que resultaba casi imposible concentrarse en la tarea. Eran tantos y tales los gritos y las salidas de madre que daba la impresión de que se hubieran vuelto todos locos de golpe: una algarabía - con carreras de obstáculos incluidas -, que ríanse ustedes de los sanfermines. La quintaesencia de la mala educación; palabra que hoy en día ha quedado totalmente obsoleta a fuerza de lo contrario, que se ha convertido en el “modus actuandi” de la mayoría.
¡Benditas las minorías a las que nos gusta la calma y el silencio de vez en cuando!. Soy consciente de que no se puede pretender que todo permanezca como una balsa de aceite siempre. Pero, de eso, a estar el santo día y la pecadora noche armando follón, va un abismo que no lo salta ni un caballo de carreras.
No me gusta parecer pesado respecto a este tema, pero es que la estadística que nos atribuye la segunda plaza ¡mundial! del ruido, es totalmente cierta. Y aún me temo que se han quedado cortos.
Que no se pueedee estar todo el tiempo intentando autoafirmar la personalidad a base de gritos. Que eso - cualquier mindungui lo sabe - es un síntoma de inmadurez manifiesta que escandalizaría a todo ciudadano civilizado del mundo. De hecho lo hace con aquellos que, encandilados por la almibarada labia de los agentes de viajes, tienen la nefasta idea de venir a pasar sus vacaciones al centro mundial del follón, con el ánimo de ¿relajarse? un poco.
- ¡¡¡¿Cómo dice?!!!...
- ¡¡¡De re-la-jar-se!!!....
- ¡Ah, bien!, pero, no es necesario que chille tanto…
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